Mons. Martínez: “Todos los bautizados tenemos una vocación y misión”
El obispo inició la carta expresando que “nuestra fe centrada en la persona de Jesucristo, el Señor, de quien queremos ser sus discípulos y misioneros, nos lleva a revisar nuestra vida y espiritualidad a la luz del seguimiento en quien creemos, quien se hizo uno de nosotros para salvarnos y revelarse. Nuestra fe en Cristo, el Señor, nos lleva a comprender que nuestra vida está cargada de sentido, y que todos los bautizados, tenemos una vocación y misión”.
Monseñor Martínez señaló que “como obispo y pastor de esta porción del Pueblo de Dios en la diócesis de Posadas quiero reflexionar desde nuestra propia realidad en Misiones, y realizar una invitación a que profundicemos en el tema de la Misericordia clave de nuestro encuentro con Dios, discipulado y misión. ‘Jesucristo es el rostro de la Misericordia del Padre’. En Él y desde Él podemos revisar nuestra condición de cristianos, y volver a la casa del Padre en este tiempo cuaresmal”.
“Un buen examen de conciencia realizado desde su amor misericordioso, y buscando reconciliarnos con Él, nos permitirá comprender más profundamente ante todo que Dios es ‘amor’, que se conmueve ante el pecador arrepentido y otorga su perdón”.
El obispo de Posadas afirmó que “nuestro papa Francisco en la bula Misericordiae vultus convocó a un Año Santo de la Misericordia, que hemos iniciado el pasado 8 de diciembre. Esta cuaresma nos ayudará a internalizar más profundamente esta gracia que estamos viviendo en la Iglesia. En esta bula el papa Francisco señala el sentido de este año Santo: ‘Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un jubileo extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes’”.
Agregó que “en el Nuevo Testamento experimentamos que ‘Jesucristo es el rostro de la Misericordia del Padre’. En todos los textos del Nuevo Testamento se señala que el obrar de Jesucristo, el Señor, rompe con los límites de la “ley”, que implicaba su cumplimiento, y el desprecio a quienes no la cumplían. En el Evangelio de Lucas nos encontramos con dos textos entre otros que son contundentes en este sentido: ‘Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames’, y sigue señalando: ‘Sean Misericordiosos como su Padre es Misericordioso’”.
El prelado explicó que el seguimiento de Jesucristo, el Señor, no tiene nada que ver con una búsqueda de perfección personal lograda como fruto de nuestro esfuerzo: “Cuando experimentamos esto podemos creernos que somos mejores que los demás, y pretender que los otros sean como nosotros. En realidad esto tiene poco que ver con la propuesta del Señor. Empezamos a comprender el camino que nos propone Cristo, el Señor, cuando nos damos cuenta que somos pecadores, frágiles y pobres, y necesitamos del abrazo misericordioso de Dios”. Asimismo, agregó que “esta experiencia que el Señor nos enseña en algunas parábolas como la de aquel que rezaba agradeciendo a Dios por ser como era, y la del otro que no se animaba a levantar la cabeza por vergüenza ante Dios. El Señor elogió esta actitud de humildad así como la del hijo pródigo que volvió arrepentido. La humildad y la pobreza de espíritu nos hacen entender la propuesta del Reino de Dios: ‘Felices los pobres de Espíritu porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos’”.
Mons. Martínez expresó que la evangelización y la misión es la razón de ser de la Iglesia: “Muchas veces nos planteamos cuáles son los desafíos de nuestros tiempos y las respuestas adecuadas que tenemos que dar. En ese contexto, debemos señalar que la caridad y el amor misericordioso será aquello que hará consistente todas nuestras acciones espirituales y pastorales. Si bien tendremos que realizar gestos de misericordia concretos, somos concientes de que todo nuestro estilo de vida desde que nos levantamos hasta que nos acostamos deben estar impregnados por el amor y la misericordia. Es obvio, sería contradictorio realizar algunos gestos aislados de misericordia que convivan con actitudes mundanizadas, o mimetizadas en ambientes donde prime la violencia, la injusticia y deshonestidad en acciones, gestos y palabras en la convivencia, y en la cotidianidad”.
“Es cierto que el secularismo, o bien el materialismo aparece muy fuerte en nuestra cultura actual. Incluso en quienes se manifiestan cristianos, y que no vemos que se plasme ese compromiso en sus familias, trabajos y relaciones comunitarias. Si bien todos los bautizados, desde las diversas vocaciones tenemos la responsabilidad de transformar el mundo desde el Evangelio, los laicos se santifican especialmente en este llamado de transformar las realidades temporales”.
“Donde hay gente que quiere vivir el amor donado a los demás, con misericordia, se transforman los ambientes comunitarios, y la misma cultura se humaniza, generándose espacios de alegría y esperanza”.
El prelado finalizó diciendo que “en una sociedad con una fuerte tendencia a lo mercantil es profético testimoniar que el único absoluto es Él, y que el tener, el poder y el placer no pueden ser absolutizados, ni idolatrados. Cuando esto pasa siempre se daña la dignidad humana”.+
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