Mons. Castagna: La cuaresma es un camino de fidelidad a Dios

Mons. Castagna: La cuaresma es un camino de fidelidad a Dios

Corrientes (AICA): El arzobispo emérito de Corrientes afirma en su homilía sugerida para el primer domingo de Cuaresma, que “el tiempo fuerte de Cuaresma no se circunscribe a la práctica de algunos actos penitenciales, o de una mayor intensidad de oración. No la descarta, al contrario, la orienta a una renovación efectiva de la fidelidad a Dios”, y haciendo referencia a las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto dice que “las certeras respuestas de Jesús a las absurdas proposiciones diabólicas, revelan, de manera inequívoca y conmovedora, la fidelidad sin fisuras de Jesús a su Padre”.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo S. Castagna, afirma en su homilía sugerida para el primer domingo de Cuaresma, que “el tiempo fuerte de Cuaresma no se circunscribe a la práctica de algunos actos penitenciales, o de una mayor intensidad de oración. No la descarta, al contrario, la orienta a una renovación efectiva de la fidelidad a Dios”, y haciendo referencia a las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto dice que “las certeras respuestas de Jesús a las absurdas proposiciones diabólicas, revelan, de manera inequívoca y conmovedora, la fidelidad sin fisuras de Jesús a su Padre”.

Monseñor Castagna comienza su homilía sugerencia con el texto de Mateo: “Jesús -dice- lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días".

A renglón seguido el prelado reflexiona: “ Muchas veces me he preguntado en qué consistió esa misteriosa tentación del demonio a Cristo, santísimo e impecable. Un antiguo liturgista belga (padre Mertens) consideraba que la tentación no es signo de la fragilidad moral del hombre. Es el momento de la opción libre por el bien. Existe el riesgo de optar por el mal, en el que consiste el pecado; ese peligro no puede darse en la persona de Jesús, que es divina. No obstante, la Encarnación lo pone en condiciones de padecer el forcejeo del mal que, en Él, es inevitablemente vencido. Lo advertimos en el despliegue casi escandaloso, por parte del atrevido demonio, de las tentaciones con que el Señor es agredido. Hace pocos días iniciamos el tiempo cuaresmal, del que hoy es el primer domingo. Jesús se muestra cansado, no moralmente frágil. Su padecimiento lo constituye en un maestro inigualable para desactivar el mal y poner al demonio "de patitas en la calle". Su gracia redentora otorga la capacidad de optar siempre por el bien - por Dios - y alejar definitivamente el peligro de una opción equivocada”.

Tras referirse a “la misión evangelizadora de la Iglesia”, monseñor Castagna concluye afirmando que “Cristo debe ser predicado”, porque “a medida que Cristo es conocido y constituido en el referente principal de la vida personal y social, se produce una rápida transformación en la cultura del pueblo y en el ordenamiento de la misma sociedad. Cristo -y su enseñanza- influye necesariamente en la ciencia, el arte, la política y la legislación. No lo hace por presión, negadora de la libertad, al contrario, cuenta con el libre albedrío de los ciudadanos, don precioso de Dios a sus criaturas racionales. La fe, constituida en respuesta, asegura la libertad, la sana y la pone al entero servicio del bien y de la verdad. Cuando domina la mentira y la violencia, aún no se "bien usa" el don de la libertad. Cristo vino a cambiar ese "mal uso", de tal modo que quien se adhiere a Él, por la fe, se convierte en un buen ciudadano: honesto, solidario y servicial.

Texto completo de la sugerencia

1.- Las tentaciones de Jesús.
"Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días". (Lucas 4, 1-2) Muchas veces me he preguntado en qué consistió esa misteriosa tentación del demonio a Cristo, santísimo e impecable. Un antiguo liturgista belga (padre Mertens) consideraba que la tentación no es signo de la fragilidad moral del hombre. Es el momento de la opción libre por el bien. Existe el riesgo de optar por el mal, en el que consiste el pecado; ese peligro no puede darse en la persona de Jesús, que es divina. No obstante, la Encarnación lo pone en condiciones de padecer el forcejeo del mal que, en Él, es inevitablemente vencido. Lo advertimos en el despliegue casi escandaloso, por parte del atrevido demonio, de las tentaciones con que el Señor es agredido. Hace pocos días iniciamos el tiempo cuaresmal, del que hoy es el primer domingo. Jesús se muestra cansado, no moralmente frágil. Su padecimiento lo constituye en un maestro inigualable para desactivar el mal y poner al demonio "de patitas en la calle". Su gracia redentora otorga la capacidad de optar siempre por el bien - por Dios - y alejar definitivamente el peligro de una opción equivocada.

2.- La Cuaresma, camino de fidelidad a Dios.
El Tiempo fuerte de Cuaresma no se circunscribe a la práctica de algunos actos penitenciales, o de una mayor intensidad de oración. No la descarta, al contrario, la orienta a una renovación efectiva de la fidelidad a Dios. Las certeras respuestas de Jesús, a las absurdas proposiciones diabólicas, revelan, de manera inequívoca y conmovedora, la fidelidad sin fisuras de Jesús a su Padre. La referencia a la Palabra indica la habitual mención amorosa al Padre Dios. Allí está el secreto de la victoria sobre el mal, ofrecido engañosamente como bien apetecible. Dios se hace hombre, en Cristo, para enseñar a toda persona humana a responsabilizarse ante Dios y ante sus hermanos. El mal alojado en la naturaleza humana, por causa del pecado, deshumaniza a la persona y la pone de espaldas a su verdadero destino trascendente. La acción redentora de Jesús hace que el hombre se encuentre con su propia identidad de ser humano y, a partir de ella, logre reconstruir su vida y su historia. Su anterior desajuste puede haber dejado ruinas, desechos inservibles; la gracia de Cristo logra lo que la habilidad humana no consigue, librada a sus debiles fuerzas intelectuales y morales.

3.- La misión evangelizadora de la Iglesia.
La prodigiosa inteligencia humana, devuelta a su original capacidad por Cristo Redentor, llegará a "hacer cosas mayores" a lo largo de su historia. De otra manera permanecerá en su estado de inhibición y de sucesivos fracasos. Es lamentable que parezca normal lo que no lo es y los mejores se resignen a confundir el auténtico progreso con un "progresismo" maquillado y frustrante. Sería provechoso volver a un Documento siempre actual - del Concilio Vaticano II - redactado hace cincuenta años. Me refiero a la Constitución "Gaudium et Spes" : "En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado". (22) Dios despliega un abanico generoso de posibilidades para recuperar al hombre y, de esa manera, reconducirlo al cumplimiento de su original vocación. La más explícita y directa - pero no la única - es la acción evangelizadora que los Apóstoles y la Iglesia desempeñan. Dios se ocupa también de aquellos hijos que no han recibido la mínima noticia de su Hijo encarnado y del expreso llamado a ser parte de su Reino. No es posible reducir su amor y solicitud por los hombres al círculo pequeño de quienes han recibido el Bautismo y viven conformados con él. Esto no quita nada a la necesidad del ministerio de la Iglesia.

4.- Cristo debe ser predicado.
A medida que Cristo es conocido, y constituido en el referente principal de la vida personal y social, se produce una rápida transformación en la cultura del pueblo y en el ordenamiento de la misma sociedad. Cristo - y su enseñanza - influye necesariamente en la ciencia, el arte, la política y la legislación. No lo hace por presión, negadora de la libertad, al contrario, cuenta con el libre albedrío de los ciudadanos, don precioso de Dios a sus criaturas racionales. La fe, constituida en respuesta, asegura la libertad, la sana y la pone al entero servicio del bien y de la verdad. Cuando domina la mentira y la violencia, aún no se "bien usa" el don de la libertad. Cristo vino a cambiar ese "mal uso", de tal modo que quien se adhiere a Él, por la fe, se convierte en un buen ciudadano: honesto, solidario y servicial. Esta conversión interesa, particularmente, a los lideres políticos, sindicales y sociales. Siempre recuerdo la súplica incluida en la oración del X Congreso Eucarístico Nacional, celebrado en Corrientes (año 2004): "Que tu Hijo y Salvador nuestro genere hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria. Que haga posible la reconciliación en nuestra sociedad, herida por la división y el desencuentro. Que establezca la auténtica solidaridad con quienes están más heridos a causa de la injusticia y de la pobreza". (Oración oficial)+

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