Mons. Martínez: “Es triste encontrarse con profesionales y dirigentes sin conciencia social”
Monseñor Martínez señaló que los textos de la palabra de Dios de este domingo nos sitúan ante un tema central de la vida de cada cristiano que es la vocación: “Vocación significa llamado de Dios. Es importante considerar que todos los bautizados tenemos una vocación y misión. Lamentablemente nuestro tiempo, caracterizado por el secularismo, nos deja sumergidos en lo inmediato o en una existencia sin sentido, donde desconocemos que todos tenemos una vocación y un proyecto de Dios, y por lo tanto una misión”.
“El Evangelio de San Lucas nos presenta la vocación de los primeros discípulos. En realidad, el diálogo vocacional se da sobre todo con Simón Pedro. Es interesante cómo el texto subraya que Pedro se siente pecador ante el llamado. Al verlo Simón-Pedro, cayó a las rodillas de Jesús diciendo: ‘Aléjate de mi, Señor, que yo soy un pecador’; pero Jesús lo anima diciéndole: ‘No temas, desde ahora serás pescador de hombres’. También en la primera lectura que leemos este domingo el profeta Isaías nos habla de su llamado-vocación. Ante la presencia de Dios él se siente ‘un hombre de labios impuros’, pero termina respondiendo: ‘Heme aquí, envíame’”.
El obispo agregó que “es cierto que cuando hablamos o rezamos por las vocaciones, en general hacemos referencia a los llamados al sacerdocio o a la vida consagrada; pero es importante recordar que todos los bautizados tenemos una vocación, y que la mayoría del pueblo de Dios son los laicos que tienen una misión fundamental, que es la transformación de las realidades temporales, para que haya más valores evangélicos”.
“En esta reflexión quiero subrayar la necesidad que tenemos todos de profundizar en cuál es nuestra vocación. Nuestros ambientes lamentablemente no fomentan la plenificación de nuestras vidas, sobre todo la de nuestros jóvenes, desde la propia vocación y misión. El criterio casi habitual es ‘trabajar o estudiar en aquello que se pueda’, sin tener en cuenta las capacidades personales”.
“Es triste encontrarse con profesionales o dirigentes sociales, políticos y docentes que ejercen tareas, sin tener ninguna motivación profunda que los mueva. Cuando pasa esto, ellos mismos no terminan siendo felices con lo que hacen, y muchas veces su trabajo lo hacen mal o buscan sólo réditos económicos o de poder y no sirven a los demás, buscando solamente su beneficio. La vocación de toda persona, como imagen y semejanza de Dios, nos permite ser colaboradores de Dios y constructores del mundo con nuestro trabajo y servicio. Con más razón, la vocación específica que tenemos cada uno nos permite plenificarnos”.
El prelado concluyó: “Los cristianos entendemos que la vocación es un llamado de Dios y una misión. En definitiva, es aquello que nos permite en el ser y el hacer servir al bien común. Hoy más que nunca necesitamos gente con vocación y la comprensión de que cada vida tiene una razón de ser”.+
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