Domingo de la Epifanía del Señor







abelen“Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 5 de enero 2014.


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“Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor”.




Isaías 60,1-6

Efesios 3,2-3.5-6

Mateo 2,1-12




El domingo siguiente al primero de enero la Iglesia celebra la Solemnidad de la Epifanía del Señor. En esta celebración se recuerda aquel interesante acontecimiento, en la vida del niño Jesús, en el que unos magos de oriente buscaron y encontraron al rey de los judíos que acababa de nacer. La palabra epifanía significa “manifestación divina”; en efecto, Dios a través del recién nacido se manifiesta, se da a conocer, se revela a estos personajes venidos del oriente que representan a todos los hombres y mujeres procedentes del mundo pagano, es decir, extranjeros que no formaban parte del pueblo de Israel. Por consiguiente, el centro de la fiesta no son los magos, sino el pequeño, quien es reconocido por los magos como rey (en el oro que le entregan), como Dios (en el incienso), y como hombre (en la mirra).


Las primeras dos lecturas (Isaías y Efesios) y el salmo responsorial, nos hablan de cómo los paganos se vuelcan hacia Jerusalén para rendir honor a Dios: “Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora… Todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos… Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones… Por el Evangelio, todos los paganos son coherederos de la misma herencia…”. La aceptación por parte de Dios de los paganos, nos debe ayudar a entender que nosotros también debemos tener consideración por todas aquellas personas que, sin ser de las nuestras, tienen buena voluntad, aman a Dios y al prójimo y nos dan un ejemplo notable de su gran fe, testimoniada por una vida de entrega generosa.


El texto del evangelio nos narra el itinerario y las peripecias que los magos asumieron en la búsqueda de Jesús. Ellos proceden de lejanas tierras, no son miembros del pueblo de Israel, son paganos, dejan la tranquilidad de su casa, recorren caminos peligrosos y desconocidos con la única finalidad de llegar hasta el Señor y adorarlo; perseveran, además, en su propósito, no obstante los contratiempos del viaje. Nosotros ¿qué tan dispuestos estamos para buscar al Señor, desinstalándonos de nuestras comodidades y arriesgando nuestra vida por Él?


Los habitantes de Jerusalén, con el rey Herodes, no se habían enterado que el Mesías prometido tiempo atrás, ya había nacido y estaba en medio de su pueblo. Fueron más bien los paganos, quienes estuvieron más atentos para descubrir, en las señales del cielo, la luz de Dios que los guiaba hasta Belén de Judá.


Al llegar a la casa ven al niño con María, su madre, y postrándose lo adoran; le ofrecen, además, como regalos: oro, incienso y mirra. En estas fiestas de la Navidad que estamos celebrando, a ejemplo de los magos, debemos también nosotros postrarnos ante Jesús, adorarlo como él lo merece porque es el Dios hecho hombre.


Demos gracias a Dios porque ha querido darse a conocer, por medio de su Hijo Jesucristo, a todos los hombres y mujeres del mundo entero. Ofrezcámosle al Señor lo mejor de nosotros mismos, nuestra vida, como el mejor de los regalos con motivo de su nacimiento. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




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