Texto y Foto:
Pbro. Alberto Ávila Rodríguez
Dios creó con su sola Palabra, y el Planeta tuvo orden desde cuando separó las aguas de la tierra y el hombre y la mujer se encontraron con un mundo hermoso.
Luego empezó, enorme, una historia de creatividad.
El hábitat de los espacios siderales dio lugar a la casa del Rey de la Creación.
Hombres y mujeres se sintieron llamados a construir con ingenio, no sin dolor, al tiempo que bendecían todo lo creado.
La casa común, a lo largo de los siglos, embelleció su entorno; surgieron castillos y chozas comunitarias; después los rascacielos, y al lado las casitas cuadriculadas.
Arribamos al Siglo XXI y nos asombramos del mundo construido.
Nos sentimos llamados a disfrutar de todo: del cielo, las aguas, los bosques, y hasta de la aridez de los desiertos.
¡Pero algo cambió!:
Se amontonaron miles de jaulas para que vivieran las familias; el cambio climático nos robó la esperanza; empezaron a quedar pelones los cerros…
Y, sin embargo, todavía hay hombres y mujeres con iniciativa y preocupación por alabar al Señor, por ordenar la Creación, que ha puesto bajo nuestra responsabilidad.
¡Queremos ser “señores” de la Tierra, respetemos el Universo!
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