La Ruta Jesuita 2014 es una actividad que me encomendó crear el Equipo de Vocaciones de la Compañía de Jesús para jóvenes vinculados a nuestra espiritualidad, que están actualmente en acompañamiento espiritual buscando hallar la voluntad de Dios para sus vidas. Este año hemos realizado una “peregrinación orante y misionera por la ruta de las Misiones Circulares de Chiloé (1609-1767)”, que ha tenido cuatro objetivos:
a) Rezar la propia vida en clave de discernimiento
b) Compartir con otros preguntas vocacionales
c) Conocer parte de la historia de los jesuitas en Chile
d) Prestar un servicio a la comunidad local
Durante nuestro trayecto (siempre a pie, la mayor parte en silencio, sin celular, sin carpas y sin dinero ni comida) fuimos meditando y haciendo nuestros conceptos como desprendimiento, naturaleza, deseos auténticos, simplicidad, misión, Iglesia, encuentro, voluntad de Dios, celebración y comunidad. Los días normalmente comenzaban con la oración de Laudes en las antiguas iglesias chilotas y luego yo daba algunas ideas para rezar durante el día. Por la tarde, al llegar a nuestro destino, nos concentramos en buscar comida, alojamiento y, en la mayoría de los lugares, en compartir con la comunidad la celebración de la Eucaristía. Por la noche, siempre culminamos haciendo un examen en oración y compartiendo todos las gracias recibidas de parte del Señor a lo largo del día. A excepción de Quemchi, que dormimos en una sala de la radio, y de san Juan, en que el fiscal nos recibió junto a su familia amablemente en su casa, dormimos en las casas ermitas que hay junto a las iglesias, con el permiso de los fiscales y patrones.
Nuestro itinerario geográfico fue el siguiente:
Sábado 4: Encuentro en la parroquia San José de Quemchi.
Domingo 5: Caminata a Aucar, donde fijamos cada uno en oración lo que buscábamos para esta peregrinación. Luego, caminar hasta Colo.
Lunes 6: Caminata hacia Quicaví, luego por la playa (sin subir a El Molino) hasta el camino que sale a Tenaún.
Martes 7: Caminata por la playa hasta la cascada de Tocoihue para luego bordear el mar hasta Calen y terminar en San Juan.
Miércoles 8: Cruce en lancha hasta San Javier, isla de Quinchao.
Jueves 9: Caminata por la playa hasta Huyar Bajo y luego subiendo por Palqui hasta Achao.
Viernes 10: Día de descanso en Achao.
Sábado 11: Encuentro con el grupo juvenil Weche Piuke de Achao y Cantata Juvenil en la parroquia.
Domingo 12: Caminata por la playa hasta Putique y cruzando al otro lado de la isla hasta Quinchao por la playa. Terminamos en Matao.
Lunes 13: Día de misión a las casas y celebración final en la comunidad de Matao.
Martes 14: Caminata de retiro hasta la Cruz de los Jesuitas en la playa de Traiguén, Chequián.
Miércoles 15: Ida en bus hasta Castro y cierre de la experiencia en la parroquia San Francisco.
El itinerario espiritual fue aún más exigente que el físico. En algún sentido, también lo fue más personal, pues Dios se comunica con cada uno desde su propio lenguaje. Con todo, los temas comenzaron dejándonos guiar por la vida de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, que se define a sí mismo en su Autobiografía como “el peregrino”. Poco a poco fuimos adentrándonos en nuestra propia historia personal, revisando sus momentos fuertes de consolación y desolación, reconociendo las huellas que Dios ha ido dejando en nosotros para conocer su voluntad. Así también, nombrando nuestros propios deseos para ofrecerlos como colaboración en la misión de Cristo. Los caminos y los paisajes, pero sobretodo los rostros y los encuentros, fueron parte importante de nuestra oración.
Esperamos que este modo de conocer la historia de las misiones circulares se perpetúe. Ojalá los mismos jóvenes chilotes se animen a caminar por las huellas de quienes nos marcaron en la historia con su cariño, sacrificio, recogimiento y espíritu de servicio. El mayor aporte de los jesuitas -y así también de miles de misioneros y misioneras que han pisado este archipiélago- no son los monumentos materiales. El verdadero patrimonio histórico radica en la gente que habita esta tierra, en los lazos de amor que fundan la comunidad, en el respeto a Dios y a la creación entera.
Nosotros nos vamos con los pies destrozados, pero el corazón rebosante de gratitud, de esperanza y alegría.
Cristóbal Fones, SJ
Fuente: Comunicaciones Ancud

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