Una vocación que floreció en una tierra permanentemente fertilizada por sus padres, Elvira Abad y Félix Atucha, y por los sacerdotes guías espirituales de los alumnos del tradicional establecimiento educacional viñamarino perteneciente a la congregación Clérigos de San Viator.
Hoy, con medio siglo de vida y un cuarto de siglo dedicado a la evangelización, sigue contando con la compañía y el apoyo permanente de su madre, quien es una de las catequistas más antiguas de la diócesis y a sus más de 90 años guía el grupo de oración “San José”. Compañera fiel e inseparable, seguidora incansable de la Virgen María, lo acompaña en las misas dominicales y estuvo sentada en primera fila en la misa que su hijo sacerdote ofició con tan especial motivo. “La Virgen me regaló un hijo sacerdote”, ha dicho ella en muchas ocasiones.
Los actos conmemorativos consistieron en el oficio religioso, realizado a las 20 horas (una hora más tarde de la misa habitual, para permitir que los feligreses pudieran acompañarlo luego de su jornada laboral y estudiantil) y una posterior cena, en el Salón Parroquial San Esteban.
La comunidad se esmeró. El templo lucía realzado con la belleza natural de las flores y al centro del altar, la figura del Niño Jesús recién nacido entregaba un mensaje de renovada esperanza. Las bancas acogieron a la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús del sector de Valencia, representada por fieles del barrio y miembros de los grupos parroquiales, y a delegaciones de otras comunidades donde ha servido el padre Atucha, desde su primera destinación como párroco en Quillota. Allí estaban fieles de esa comuna de la zona interior y también de las costeras Llolleo y El Quisco. Asimismo, se hizo presente una delegación de cursillistas, de quienes el sacerdote es viceasesor diocesano.
En el altar, los concelebrantes representaban a la diócesis de Valparaíso y a grandes afectos del padre Atucha. El obispo diocesano, monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar; el obispo emérito de Rancagua, monseñor Javier Prado Aránguiz; el obispo de Calama, monseñor Guillermo Vera Soto; y quince sacerdotes de distintas generaciones, entre quienes se encontraba el padre David, de la argentina ciudad de San Luis, con quien el padre Atucha tiene una larga amistad.
En el grupo de sacerdotes, destacaba la presencia del padre Ramiro Avalos, quien semanas antes había celebrado 60 años de sacerdocio. A pesar de tener una salud delicada y de haber sufrido el año pasado un accidente de tránsito, el padre Ramiro realiza una importante labor en la parroquia de Valencia y su apoyo es constantemente destacado por el párroco, quien realzó el aniversario sacerdotal orando para que su entusiasta colaborador goce de bienestar.
El Deber Ser del Sacerdote
El oficio religioso se desarrolló en un marco de alegría y también de mucha emoción. El padre Atucha agradeció su vocación y el apoyo recibido de su familia, de sus hermanos sacerdotes y de todos los afectos que han sido fundamentales para su servicio y perseverancia. Un momento de especial emotividad se vivió cuando el sacerdote pidió perdón por las ocasiones en que cometió errores o no estuvo a la altura de las circunstancias.
La prédica estuvo a cargo de monseñor Guillermo Vera, quien tiene una antigua amistad con el padre Atucha. Dirigiéndose al presbítero que celebraba su aniversario, el obispo de Calama hizo una contundente definición del deber ser del sacerdote.
“Somos sacerdotes no por nuestros méritos, sino por la infinita misericordia de Dios, que nos ha llamado a este servicio… el amor de Dios nos ha llamado al ministerio parroquial”, expresó e invitó al párroco festejado a “renovar cada día su “sí” al Señor”, a “proclamar la palabra de Dios” y a no acostumbrarse “a ver los milagros”, de manera tal que lo maravillen siempre.
Con la voz potente y la pasión que caracteriza sus prédicas, monseñor Vera dijo que el sacerdote multiplica los milagros que hizo el Señor. “¡A cuántos hermanos has resucitado en el confesionario! Por tu ministerio, muchos han recobrado la vida. Por tu ministerio han podido ver con claridad, han oído, los enfermos se han confortado”, sostuvo.
Agregó que “todos somos frágiles. Que esa conciencia te lleve a cuidar mucho tu sacerdocio, a cuidar mucho lo que haces en la vida. Como ministros, tenemos que atraer a la gente a las cosas de Dios. Cuida tu sacerdocio. Tú has estudiado, que eso te ayude a que puedas ser un hombre de oración y que eso lo vea tu comunidad. Que tu vida sea una gran predicación. Aprende de la eucaristía a hacerte pequeño y a vivir con más generosidad. Pídele a la Virgen que te ayude a contemplar al Señor con sus ojos, deja que Él entre cada vez más en tu corazón. Tienes que ser como un sacramento de su presencia en medio de esta comunidad”.
Dirigiéndose a los fieles, les dijo que “todo sacerdote los necesita a ustedes. Oren mucho por nosotros y dígannos con cariño lo que podemos hacer mejor. Cuídenlo a él y a todos los sacerdotes. Oren para que el pueblo de Dios tenga siempre los sacerdotes que necesita”.
Igualmente, tuvo palabras para la madre del sacerdote: “Señora Elvira, siga acompañando a su hijo, con su cariño y su oración. El Señor y la Virgen fueron generosos en darle un hijo al servicio de la Iglesia”.
El apoyo familiar a la Vocación
El obispo de Valparaíso también llegó hasta el ambón para entregar unas palabras, en tan especial ocasión. Monseñor Gonzalo Duarte felicitó los 25 años de servicio del padre Atucha y al mismo tiempo lamentó las escasas vocaciones sacerdotales que se están manifestando en esta diócesis. Al respecto, llamó a las familias a cultivar un ambiente propicio para que el Señor pueda hacer su llamado. Las familias, sostuvo, tienen un papel fundamental en el apoyo a la gestación y desarrollo de las vocaciones.
La comunidad parroquial se hizo presente durante el oficio con un obsequio para su párroco, consistente en una túnica, y al término de la misa, el padre Atucha recibió el incansable saludo de las familias y fieles en general que llegaron a acompañarlo.
El padre José Antonio Atucha se desempeña como párroco del Sagrado Corazón de Jesús de Quilpué desde el año 2005. A lo largo de estos 25 años de ministerio, su actividad pastoral se ha orientado preferentemente a la vida parroquial y a la docencia de la Teología Espiritual y Teología Moral en el Pontificio Seminario Mayor San Rafael de Valparaíso y en la Universidad de Los Andes de Santiago.
Fuente: Sandra Pizarro, Comunicador Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Quilpué – Comunicaciones de Valparaíso

Publicar un comentario