“Esta parábola marca su modo de actuar con los hombres, abre nuestros corazones a la esperanza y nos devuelve la dignidad de hijos de Dios”, sostuvo ante la multitud presente en la Plaza San Pedro.
“La lógica de la misericordia usada por el padre es muy distinta a la lógica usada por los dos hijos de la parábola, pues el hijo menor, sumido en la tristeza, pensaba merecer un castigo por los pecados cometidos, mientras que el hijo mayor, presumiendo de estar siempre con el padre, esperaba una recompensa por los servicios prestados”, explicó.
El pontífice recordó que tanto el uno como el otro necesitaban experimentar la misericordia, por eso “el padre invita a ambos a hacer fiesta”, pues la lógica de la misericordia “no entiende de premios o castigos, sino de acoger a todo el que necesita de misericordia y perdón, y de que todos vuelvan a ser hermanos”.
“Precisamente en ver a los hijos juntos y reconociéndose como hermanos consiste la alegría del padre”, concluyó.
Francisco saludó luego a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica, a quienes exhortó a recibir con gozo la invitación de Jesús a participar en la fiesta de la misericordia y de la fraternidad, y abrir el corazón para ser misericordiosos como el Padre.
En el saludo en portugués, el Papa recordó especialmente a Brasil y pidió, para el país latinoamericano "en estos momentos de dificultad" que "camine por los senderos de la armonía y de la paz", con la ayuda del diálogo, de la oración y con la protección de la Virgen de Aparecida.
Durante el saludo en polaco, el Papa hizo referencia a la Virgen de Fátima, "de la que era tan devoto Juan Pablo II", y pidió, por su mediación, la paz para el mundo.+

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