Como Pueblo de Dios, Francisco nos llama a tomar la iniciativa (primerear) en el cambio paradigmático de una Iglesia en salida, que asuma la alegría intrínseca de la Buena Noticia y que reconozca el enorme potencial evangelizador de los predilectos del Señor, los más pobres de nuestra sociedad.
Un primer elemento que quisiera destacar y que es fundamental en el nuevo paradigma misionero, es el uso de la noción de Pueblo de Dios como característica de la Iglesia. Ya en el número 17 de EG, el Papa explicita que seguirá los principios de Lumen Gentium, y esta noción es una de las notas más conocidas de esta Constitución.
Los cristianos hemos sido convocados a formar un pueblo y como parte de él nos salvamos. Este Pueblo es llamado a vivir la diversidad como una riqueza y no como una amenaza, y a asumir comunitariamente la misión evangelizadora que tenemos todos los bautizados, como miembros activos de él (EG 110 – 121).
El llamado que Francisco hace no tiene que ver sólo con un cambio programático, un cambio en las acciones concretas que realizamos, sino un cambio más profundo (paradigmático), que repercute no sólo en el quehacer de la Iglesia, sino en su modo de ser. Este nuevo paradigma está marcado por recuperar la actitud de la «salida», ser una Iglesia que deja la seguridad de la orilla y navega mar adentro, una Iglesia que fortalecida con el encuentro con Cristo es capaz de salir al encuentro con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
En este proceso, el Papa nos llama a tomar la iniciativa, a primerear, pues los procesos no se dan por arte de magia, sino que deben ser gatillados por personas concretas, que abriéndose a la acción del Espíritu, protagonista de la misión, son capaces de generar un nuevo movimiento.
Un tercer elemento que me parece importante destacar es la espiritualidad de la alegría. Más allá de lo llamativo de sus expresiones «cristianos con cara de funeral» o «con cara de vinagre», Francisco, traza un modo de ser cristiano. La alegría del Evangelio se puede opacar con la vida triste y quejumbrosa de los cristianos y así, el anuncio se hace opaco.
Se podría hablar de una espiritualidad de la alegría que brota del encuentro con el Señor, es en Él donde reside el motivo más profundo de nuestro gozo, como lo recuerda al inicio de la Exhortación, recordando la enseñanza del Papa Pablo VI. Sin duda, que es el mismo Francisco quien ha contagiado con su alegría no sólo a la Iglesia, sino al mundo entero, recordando que estamos llamados a ser hijos de la luz, de la alegría pascual.
Finalmente, quisiera destacar la gran relevancia que coloca el Papa en la opción por los pobres, que es presentada como criterio de autenticidad de la fe (EG 193-196). Los elementos que recuerda de la Doctrina Social de la Iglesia son muy actuales y significativos y tienen una clara consonancia con lo expresado por los obispos chilenos en la carta «Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile». Pero además, resulta de vital importancia la visión de los pobres no sólo como objetos de la caridad de la Iglesia, sino como «sujetos» evangelizadores. Así como la sociedad está llamada a incluirlos como sujetos activos en su desarrollo, la Iglesia debe mirar a los pobres no tanto como objetos a ser evangelizados, sino como sujetos de la evangelización, es más, a dejarse evangelizar por ellos (EG 198) y en este sentido podemos decir que somos llamados a evangelizar a los pobres y a dejarnos evangelizar por ellos.
Sin duda alguna, con este documento programático de su pontificado, Francisco, nos convoca a todos a mirar el modo cómo anunciamos el Evangelio, y es un texto que en este año de inicio de la Misión territorial, estamos llamados a reflexionar y a poner en práctica este gran movimiento. ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! (EG 83).
Fuente: http://bit.ly/1nUOGjP

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