Ja, ja, ja. Me he reído al leer a un comentarista que me escribía que la lista de errores de la ceromonia de la Vigilia, le parecía el guión de una película de Peter Sellers. Ja, ja, ja. Otro comentarista me hablaba de la conversión de un tal Huysmans. Si ese buen señor hubiera visto tanto error rodeando al pobre celebrante, hubiera escrito: Me sentí con ganas de hacerme cuáquero.
Encima, como ya dije, me quemé. Lo que faltaba: quemarse, ¡en una misa! Llegó un momento en que pensé que ya lo único que faltaba era que empezaran a salir ornitorrincos de la sacristía. Ese día se ensañaron todas las coincidencias contra la paz en la ceremonia.
De verdad que cuando la alarma de un móvil sonaba y sonaba y no paraba bien guardado en la americana de uno de mis acólitos (amercana colgada en la percha de la sacristía), yo pensaba que era una llamada telefónica, creí que ya para culminar todo ya sólo necesitábamos que irrumpiera un comando de Testigos de Jehová armados hasta los dientes.
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