Después de la misa los peregrinos participaron de la procesión con la Imagen alrededor de la Capilla. En este día los encargados de la Capilla tuvieron la oportunidad de agradecer a los fieles que aportaron para la reconstrucción del campanario que había sido afectado por un incendio.
En su homilía el F. Mauricio Campos hizo una reseña histórica sobre la Imagen de Jesús de la Buena Esperanza, la cual se remonta al año 1652 cuando cierto día en Quito, Ecuador, sin guía alguno atravesaba las calles una mula cargada con enorme bulto. Llegó a las gradas de la portería del convento de San Agustín y se echó en el suelo, y ya no pudieron levantarla a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron. Abierto el cajón, cuyo peso parecía abrumarla, se encontró dentro la estatua de Jesús de la Buena Esperanza, quisieron conducirla al templo, pero inútilmente; pues aumentaba el peso de la estatua en proporción al número de los que intentaban cargarla.
Alguien propuso entonces llevarla no al templo sino a la portería, y el acto se ejecutó con suma facilidad. La reunión de tan prodigiosas circunstancias no podía dejar de conmover hondamente al católico pueblo de Quito, e innumerables personas acudieron a arrodillarse ante la sagrada imagen. Los milagros y los favores del cielo, obtenidos por intermedio del Señor de la Buena Esperanza, respondieron desde el primer día, a la devota fe del pueblo y se multiplicaron hasta el punto de convertir la portería del convento San Agustín en el más célebre y frecuentado santuario del Ecuador. La llegada de esta devoción a Chiloé y en especial en la Comunidad de Putemun hace que en cada año su celebración congregue un gran número de peregrinos.
Fuente: Comunicaciones Ancud

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